Un sello es cualquier dispositivo que cierra herméticamente un envase para proteger su contenido de cualquier manipulación. Los sellos pueden ser de plástico o metal y pueden ser tan sencillos y económicos como un tapón de rosca de una botella. Suelen ser fáciles de instalar y quitar, pero el nivel de seguridad que ofrecen depende en gran medida de la experiencia y la habilidad de la persona que los inspecciona.
Las propiedades generales de un sello son:
- identidad - cada sello tiene un identificador único;
- no duplicativo - los sellos son muy difíciles de reproducir;
- fiabilidad - proporcionan un alto nivel de seguridad.
Aunque existen varios tipos diferentes de sellos mecánicos, todos comparten las siguientes características:
- su integridad se establece mediante una inspección visual;
- tranquilizan al usuario en cuanto a la seguridad de un producto al proporcionar pruebas visuales de cualquier manipulación;
- no registran ninguna información acerca del momento o el lugar en el que se produce cualquier manipulación;
- no pueden comprobar su propia integridad, a diferencia de los sellos electrónicos.
Los sellos son muy versátiles y se pueden utilizar en una gran variedad de envases de distintos sectores. Incluso se utilizan en el transporte para asegurar los contenedores de carga.
Como los sellos suelen aplicarse en el envase y no en el producto en sí, los cambios que hay que introducir para implementar esta tecnología afectarán a la fase de envasado y embalaje, no al proceso de producción.
Aunque es difícil estimar de forma general los costes asociados a los sellos mecánicos debido a su diversidad y versatilidad, puede decirse que son muy inferiores a los costes asociados a los sellos electrónicos.