Los dispositivos antialteración impiden «mecánicamente» que un producto se altere en su envase original. Aunque potencialmente podrían fabricarse dispositivos específicos para todo tipo de productos, el ejemplo más común es el tapón irrellenable, un dispositivo compuesto por una o varias bolitas que se introduce por el cuello de una botella. Este sistema permite que el líquido salga de la botella, pero no que entre en ella, impidiendo así que se rellene.
Esta tecnología se aplica ampliamente en la industria de las bebidas alcohólicas para evitar la falsificación de vinos y licores. Cuando las botellas de bebidas vacías se envían a reciclar, a menudo se interceptan, se rellenan con imitaciones baratas y se revenden como el producto valioso original. Los dispositivos antialteración en forma de tapones irrellenables impiden que esto ocurra al colocar válvulas unidireccionales en los cuellos de las botellas e imposibilitar así que se vuelva a verter líquido en su interior.
Los dispositivos antialteración también pueden combinarse con etiquetas termoencogibles colocadas en los tapones y tapas de las botellas y los tarros, para evitar aún más cualquier manipulación y alteración.
Por su naturaleza, estos dispositivos están destinados a utilizarse específicamente con el producto o productos para los que han sido diseñados.
Los cambios que haya que realizar en el proceso de producción para implementar esta tecnología dependerán de su producto y del tipo de dispositivo utilizado.
Es difícil realizar una estimación general de los costes asociados a los dispositivos antialteración, ya que variarán en función del tipo de producto y del dispositivo concreto utilizado.