Las tintas termocrómicas cambian de color cuando se exponen a variaciones de temperatura, aunque sean mínimas y temporales, como las causadas por el roce de los dedos. El cambio de color puede ser reversible, ya que la tinta vuelve a su color original cuando la temperatura recupera su nivel inicial, o irreversible. Algunas tintas se vuelven transparentes cuando se calientan, revelando el color del fondo inferior.
Hay muchos tipos diferentes de tinta termocrómica: algunas cambian de color cuando se calientan, otras cuando se enfrían, otras cambian temporalmente y otras permanentemente. Algunas tintas termocrómicas está fabricadas con microcápsulas que pierden su color hasta el punto de la transparencia cuando la temperatura sube por encima de un determinado nivel y vuelven a su color original cuando la temperatura vuelve a bajar. Cuando la tinta es transparente, se ve claramente el fondo que hay debajo.
El momento en que las tintas termocrómicas se vuelven transparentes depende de la temperatura, el color, la concentración y la densidad del tinte. Sin embargo, las temperaturas estándares a las que las tintas pierden el 95 % de su color son 6 °C y 31 °C.
Estas tintas se utilizan en una amplia gama de productos y envases. No obstante, debe tenerse en cuenta que su sensibilidad cromática puede deteriorarse (o incluso desaparecer) en caso de exposición prolongada a altas temperaturas (superiores a 50 °C), a la luz ultravioleta, a determinadas luces fluorescentes o incluso a una exposición excesiva a la luz solar.
Si desea imprimir tinta termocrómica directamente sobre la superficie de sus productos, deberá asegurarse de que dispone de los procesos adecuados para hacerlo durante la producción. Habrá que adaptar la fase de impresión para garantizar que la tinta se aplica en la posición deseada.
Dada la diversidad de tintas termocrómicas disponibles y su amplia gama de usos, es difícil realizar una estimación general de los costes que implica la implementación de esta tecnología.